ROSITA
Mi abuela Rosita con su metro cuarenta
era tan grande como su eco,
de la incuestionable vieja escuela
donde se sentaban a la mesa Fidel, Fany y Patricio
a trazar sendas florecidas de ideas
Con su metro cuarenta, mi abuela Rosita
era tan grande como su voz de labios pintados
y sobrevivía al mundo con sus ojos pardos
haciendo corazón en las mujeres imposibles
y tocando la esperanza, la mesa de la escuela
las banderas perennes de los cielos partidos
Mi abuela Rosita con su metro cuarenta y sin tacones
nombraba siempre las cosas por su nombre
llamaba niño al niño, nazi al nazi, tibio al tibio
y a mí, Lucianita
con sus manos prolongando la ficha roja y su corazón de estrella
Mi abuela Rosita, de magia cierta y sin tacones
con su pelo de campanas y su perfume rebelde
jamás fue de las que compran estrellas en el cielo
su reloj de pueblo era el aire exacto para entonar
las canciones laboriosas de la gloria
Y mientras pudo recordar que ella era Rosita
inconquistable viajera de la tinta
antes de ver elefantes transitando aquel jardín
del asilo de ancianos donde venció su memoria,
antes de ser pájaro o suspiro o cometa,
ella fue el canto necesario
donde nace dulcemente aquello que jamás muere
para soñarnos vencedores
cada vez que se enciende el cielo.
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