Por abrazar al cuerpo
muere ahorcado el aire.
Nudos de viento aprietan la cintura
los tobillos;
Descubren relieves que tientan a mis dientes.
¿Cómo contener al mordisco?
Se concentra el ciclón en los senos,
enfurecidos ojos del desastre.
Violentas curvas retuercen
la mirada esclava.
Deshidratada de piel
recorre tambaleante el cuerpo,
madre del huracán.
No puede descansar antes de la catástrofe,
solo queda aferrarse al próximo giro del viento.
Miguela
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