Una palabra corta en dos tus labios
Amanece
no puedo decir que no la extraño
pero tengo más tiempo para soñar,
ella
se funde en el aterrizaje:
las montañas al oriente
Bogotá como un cuenco relleno de lluvia
desde la cabina una emisora de música clásica,
me prometió que estaría bien
y le afirmé lo mismo,
«la vida es un arroyo fresco
para que bebamos los sentenciados»
le dije mientras la miraba partir como un rayo
hacia su tierra querida
Amanece
no puedo decir que no la extraño
apenas si se ha marchado y por delante
la tacaña vida,
«aterricé», me cuenta,
y aquella palabra desarraigada
como una suerte benigna
me corta en dos la mañana.
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