La luz, demasiado bella,
me mostró el camino que, firmes y juiciosas, seguían las llantas del carro en el que me desplazaba.
Eran las 5 –por eso la luz embelesaba– y yo sentía que iba en barco.
Esa raíz, que lentamente había crecido dentro de mi,
ahora era fuerte, podía con todo:
un cuerpo –el mío–, un carro –el barco–, y las ganas que tuve de quedarme lejos,
nos llevaba, a paso de velero –rápido, pero cómodamente–
hacia la casa de mis padres.
miércoles, 12 de abril de 2023
Antipoema - El árbol
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