Su melodía ondulante alumbró el silencio de mi jardín descendi a su estancia con mi música de alas
su piel de primavera y el aroma de sus muslos penetraban por mis venas
Deseos clandestinos colinas blancas profundas tempestades
Presurosas manos resonando en cada poro entre oleajes de caderas
Yo capitán de sus piernas esclavo de sus labios entreabiertos
Fundidos como el viento entre las olas más allá del tiempo y el espacio
allí donde habita la mansedumbre de los dioses
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