Despellejo mis uñas
No debo, no debería, no quiero volver a sentir que estoy viva
No más palomitas entre los dientes después de cine
No más salpicaduras de aceite hirviendo cuando no era cine sino Netflix
No más frío de aire acondicionado en tardes calurosas
No más viento en la cara después de estar mucho tiempo encerrado
No más picaduras en los dedos de los pies por querer caminar descalzos
No más rocas perfectas para descansar
No más espaldas abollonadas que ayuden a conciliar el sueño
No más manos rasposas
No más botellas lisas
Despellejo mis uñas
Subo el volumen hasta sentir las punzadas en los tímpanos
No debo, no debería, tampoco quiero escuchar
No más teteras
No más lluvias furiosas pegando contras las ventanas
No más dedos que truenan en medio de la noche
No más chistes flojos seguidos de carcajadas burlonas o reales
No más carcajadas, ni reales, ni burlonas
No más discursos vacíos
No más llanto entrecortado
No más grifos abiertos
No más toses secas
Subo el volumen
Miro al sol
No debo, no debería, no quiero ver
No más pinturas más grandes que yo
No más árboles meciéndose a la hora de la siesta
No más vestidos de flores en medio de los arboles que se mecen
No más habitaciones desordenadas que se ordenarán después, siempre después
No más páginas en blanco por lo que no me dicen o no me atrevo a decir
No más sonrisas fingidas
No más cejas elocuentes
No más televisores encendidos hasta el amanecer
No más lirios amarillos que piden perdón
Miro al sol
Me pongo una bolita de wasabe en la boca
No debo, no debería, no quiero saborear nunca más
No más caramelos después de una hora en la piscina
No más tortas de jamón al lado de la carretera
No más pegotes de queso
No más arroz nadando en aceite
No más lamer pilas de 9 voltios para saber si están cargadas
No más uñas comidas después de haber picado ajo
No más cuellos salados
No más gotas amargas en tragos demasiado frecuentes
No más arepas quemadas, ni pan quemado, ni vidas quemadas
Me pongo una bolita de wasabe
Derramo gasolina
No debo, no debería, no quiero ser capaz de oler
No más humo de mantequilla por besarse demasiado
No más cafés después de almuerzo
No más rollos de canela para acompañar los cafés
No más tierra mojada
No más baños recién lavados
No más pescado en los tarros plásticos
No más sudor rancio en las almohadas
No más alcohol
No más cerillas humeantes
Derramo gasolina
Y la enciendo